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mayo 17, 2021 Uncategorized 0

En las últimas semanas, millones de personas han expresado su inconformidad sobre diversos aspectos en el país, su rechazo al proyecto de reforma tributaria, ya retirado por el Gobierno, y han reclamado justamente mejores condiciones de vida y mayor generación de oportunidades, especialmente para los más jóvenes.

Lo que se inició como un reclamo sobre una reforma específica terminó reflejando el descontento mayor de un segmento importante de la población sobre un amplio número de temas que esperan que sea atendido por alcaldes, gobernadores y el Gobierno Nacional.

Estas manifestaciones, pacíficas en su gran mayoría, han sido empañadas por actos de vandalismo, violencia y abusos de autoridad. Lamentablemente, se han perdido vidas y muchas personas han resultado heridas en varias regiones del país.

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El suroccidente colombiano, en particular Cali, el Valle del Cauca y Cauca se han visto seriamente afectados por bloqueos permanentes de vías. Todo esto ha significado una afectación mayúscula sobre la capacidad de generación de riqueza en la región, pago de impuestos y generación de empleo, y ha puesto en riesgo la estructura productiva más sofisticada y diversificada del país, ya que decenas de miles de empresas se han visto gravemente afectadas. Además, los derechos a la salud, a la alimentación y al libre desplazamiento por el territorio nacional se han visto afectados.

En este contexto, la Cámara de Comercio de Cali aplicó entre sus empresas afiliadas la Encuesta Ritmo Empresarial con el objetivo de obtener un primer diagnóstico sobre la magnitud de la afectación de las empresas.

Se entrevistaron 1.708 empresas de todos los tamaños y sectores, logrando una muestra representativa del tejido empresarial formal de la región. El ejercicio arrojó resultados muy preocupantes, toda vez que más de 41 por ciento reportó no estar operando y 47 por ciento afirmó que lo hacía utilizando, en promedio, apenas 40 por ciento de su capacidad. Es decir, casi el 90 por ciento de la estructura productiva no está operando u opera a media marcha en una región que aporta cerca de 10 por ciento del PIB nacional. El costo a la fecha en producción perdida se estima en $ 3 billones.

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El 87 por ciento de las empresas indicó que sus colaboradores no pueden llegar al lugar de trabajo, más de 6 por ciento ha sido víctima de vandalismo, 64 por ciento había visto ya disminuir sus ventas en el mes de abril y 26 por ciento reportaron haber tenido que disminuir el número de trabajadores en lo corrido de mayo. Adicionalmente, 8 por ciento de las empresas reportó haber tomado la decisión de cerrar.

Los bloqueos, vandalismo y afectaciones de orden público fueron la estocada final para muchas empresas que habían logrado superar un difícil 2020.

Las condiciones actuales y los impactos de los bloqueos permanentes en las vías del país han afectado el optimismo de los empresarios, aspecto fundamental en sus decisiones de inversión y generación de empleo. Esto se refleja en que 62 por ciento de las empresas encuestadas confían en que el segundo semestre, que se esperaba fuera el de la recuperación franca, será peor o mucho peor en materia económica.

Cabe recordar que el Valle del Cauca es un gran abastecedor de medicamentos, alimentos, insumos industriales, fertilizantes, productos de cuidado personal y del hogar para gran parte del país, no solo a partir de las empresas que operan en la región, sino que además lo hace a través del nodo portuario de Buenaventura, principal puerto de importación en Colombia. Es por esto que los bloqueos a Cali y al Valle se han tornado en un problema de escala nacional.

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Otra cuestión es que, si bien ha habido un abastecimiento menor en las ciudades, mientras las fábricas, centros de procesamiento de alimentos, bodegas y demás empresas se encuentren paradas se nos agotan día a día las posibilidades de recomponer los inventarios de productos básicos. En este sentido, la escasez percibida, incluso si se hubiesen levantado todos los bloqueos ayer, lamentablemente persistirá por varias semanas más al menos; esto, asumiendo que las empresas que sobrevivan a esta coyuntura tengan la capacidad financiera de hacerlo.

Otro efecto silencioso y, tal vez, más peligroso de los bloqueos indefinidos y el temor de las personas de salir de sus casas es la desaceleración del ritmo de vacunación en el Valle del Cauca contra la covid-19.

En el departamento se han aplicado 633.696 dosis de vacunas al 13 de mayo de 2021, lo que representó un incremento de 33 por ciento frente al registro del 27 de abril (474.987).

En Antioquia, Cundinamarca, Bogotá y Atlántico, el crecimiento en ese mismo periodo fue superior a 50 por ciento.

Se estima que entre el 28 de abril y el 13 de mayo de 2021 se dejaron de aplicar 118.000 dosis en el Valle del Cauca. Además, cientos de procedimientos médicos como diálisis y quimioterapias, exámenes diagnósticos y cirugías han sido aplazados, poniendo en riesgo la vida de personas enfermas.

Desde el inicio del año, Colombia se perfilaba como uno de los países latinoamericanos con mejores proyecciones de reactivación económica y Cali avanzaba en el cierre de la brecha de puestos de trabajo perdidos frente a marzo de 2020.

Además, el sector manufacturero, agrícola, agroindustrial y, especialmente, el sector de la construcción, registraron claros signos de reactivación en el Valle durante el segundo semestre de 2020 y el primer trimestre de 2021.

A escala nacional, el Dane reportó que la economía registró un crecimiento anual de 1,1 por ciento en el primer trimestre del año, superando las proyecciones hechas por los principales analistas.

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Estamos a tiempo de recomponer el rumbo de crecimiento económico y progreso detonado en la región desde 2014 e interrumpido abruptamente por la pandemia.

Debemos encontrar a través del diálogo los mecanismos que permitan mitigar los efectos de la crisis económica sobre la población de menores ingresos y revertir el aumento en la pobreza registrado en 2020.

Pero debemos tener claro que para poder mejorar las condiciones de vida de los más necesitados y poder construir un mejor futuro, en el que los más jóvenes cumplan sus sueños, necesitamos un vigoroso y diverso tejido empresarial que permita combinar el talento, la energía, las ideas y las capacidades de millones de caleños y vallecaucanos. Debemos dialogar y manifestarnos pacíficamente, pero a la vez desbloquear y permitir trabajar.

ESTEBAN PIEDRAHÍTA
Para EL TIEMPO