
El Parlamento de Grecia dio un paso histórico este jueves al legalizar el matrimonio igualitario y la adopción de menores de edad por parte de parejas del mismo sexo, una medida impulsada por el Gobierno conservador pese a la frontal oposición de la influyente Iglesia ortodoxa en ese país europeo.
Con 176 votos a favor, 76 en contra y dos abstenciones, la reforma se aprobó con amplia diferencia, gracias a los votos de varios partidos de la oposición, ya que una parte de los 158 diputados del partido gubernamental, la conservadora Nueva Democracia (ND), votaron en contra, se abstuvieron o salieron de la Cámara.
Impulsado por el ND, el partido de derecha del primer ministro Kyriákos Mitsotákis, el texto fue aprobado por 176 de 254 diputados presentes en el Parlamento tras dos días de debate. El proyecto solo necesitaba una mayoría simple para ser aprobado por el Parlamento, integrado en su totalidad por 300 miembros.
No es un hecho menor. Grecia se convierte así en el país número 37 en el mundo, el número 17 de la Unión Europea (el número 21 de toda Europa) y el primero cristiano ortodoxo en legalizar el matrimonio de parejas del mismo sexo.
Luego de conocerse la decisión, el primer ministro griego dijo que la nueva ley «aboliría audazmente una desigualdad grave». Y enfatizó en que es «un punto de inflexión para los derechos humanos».
Se trata de un punto de inflexión para los derechos humanos, que refleja la Grecia de hoy: un país progresista y democrático, apasionadamente apegado a los valores europeos.
«Se trata de un punto de inflexión para los derechos humanos, que refleja la Grecia de hoy: un país progresista y democrático, apasionadamente apegado a los valores europeos», escribió el jefe de gobierno griego en la red X (antes Twitter).
La votación de los diputados se dio precisamente después de una intervención ante el Parlamento del primer ministro. La aprobación, al final, contó con el apoyo de varios partidos de la oposición de izquierda.
Mitsotákis le había dado libertad de voto a los legisladores del ND, pero se enfrentaba a la rebelión del ala más conservadora de su partido, opuesta a esta reforma que permitirá en adelante a dos personas del mismo sexo contraer un matrimonio civil comparable al reservado hasta ahora al de una unión integrada por un hombre y una mujer.
Desde 2015, Grecia reconoce una unión civil para parejas del mismo sexo, aunque sin los mismo derechos que los del matrimonio heterosexual. La reforma buscaba precisamente igualar esos contextos.
«Este es un momento histórico», le dijo a la agencia de noticias Reuters Stella Belia, directora del grupo de padres del mismo sexo Rainbow Families. «Este es un día de alegría».
En la actualidad, el matrimonio de parejas del mismo sexo ya es una realidad en otros 36 países del mundo (35 estados pertenecientes a Naciones Unidas y la isla autónoma de Taiwán), de los que 20 son europeos: Alemania, Andorra, Austria, Bélgica, Dinamarca, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Irlanda, Islandia, Luxemburgo, Malta, Noruega, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia y Suiza.
Otros 11 son del continente americano: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, México y Uruguay. Y completan la lista Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda, Nepal y la isla de Taiwán.
Hay, además, Estados que permiten las uniones civiles de personas del mismo sexo, con derechos iguales o similares a los del matrimonio, pero sin esa denominación, como es el caso de Croacia, Chipre, Hungría, Italia y la República Checa.
Una decisión histórica
En 2023, el matrimonio igualitario se convirtió en una medida emblemática del segundo mandato de Mitsotákis, quien lo presentó como «una etapa importante hacia la igualdad de todos los ciudadanos».
Mitsotákis hizo de la aprobación del matrimonio igualitario una de sus promesas clave en la campaña en la que logró una contundente victoria en junio del año pasado, y mantuvo su palabra pese a la rotunda oposición de la muy influyente Iglesia ortodoxa en ese país.
De hecho, el primer ministro le ha pedido en repetidas ocasiones a la Iglesia ortodoxa que no interfiera en los asuntos propios del Estado, y este jueves evocó un pasaje bíblico en el debate parlamentario: «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».
Mitsotákis ha dicho que la reforma permite acabar con numerosas incongruencias legales que afectan a muchas familias, pese a que esto ha enfurecido a parte de sus votantes.
Lo cierto es que, con la nueva legislación, las parejas del mismo sexo tendrían mayor tranquilidad al liberarse de la preocupación de perder la custodia de sus hijos en algunas circunstancias.
«Los padres del mismo sexo podrán por fin dormir pacíficamente por la noche», porque estarán «libres del miedo de que si les pasa algo, su hijo termine en una institución», declaró Mitsotákis al presentar la reforma ante el Consejo de Ministros a finales de enero.
A la fecha, solo la o el progenitor biológico tenía derechos sobre el menor de edad. Y en caso de que esa persona falleciera, el Estado retiraba la custodia al otro padre o madre. Las restricciones van más allá, y los hijos de dos padres no pueden obtener documentos de identidad, ya que el nombre de la madre es obligatorio en el registro civil.
«Hoy es un día de alegría y lo vamos a festejar como es debido», le dijo a la agencia de noticias Efe Lío Emanuilidu, una mujer que hace seis años tuvo con su novia un hijo tras un proceso de fecundación in vitro.
Hoy es un día de alegría y lo vamos a festejar como es debido.
Emanuilidu dice que ya hizo todos los preparativos y fijó con su novia el 8 de marzo para casarse, principalmente para que su compañera pueda tener la patria potestad del niño y se libre del «enorme sentimiento de inseguridad y miedo» de que si a ella le pasa algo su hijo pierda «en un día a sus dos madres».
Ese proceso, sin embargo, lo prevé «largo y costoso», según cuenta, pues la ley exige que la o el progenitor no biológico adopte al menor para que se le reconozcan sus derechos de tutela legal, en los casos de las parejas lesbianas que ya tienen hijos.
El debate de la reforma aprobada este jueves dividió a Grecia. La mayor parte del debate que sacudió al país en las últimas semanas hizo referencia a la homoparentalidad, sobre todo al tratarse de un país con una feroz resistencia liderada por la poderosa Iglesia Ortodoxa.
En un país 95 por ciento ortodoxo, la Iglesia manifestó desde el principio su total oposición al proyecto. «Los niños tienen una necesidad innata y el derecho a crecer con un padre de sexo masculino y una madre de sexo femenino», aseguró el Santo Sínodo, que dirigió una carta a los diputados, en una suerte de campaña de oposición a la reforma. Como parte de esa estrategia, también se leyó un sermón en todas las iglesias del país el domingo 4 de febrero.
El ‘vacío’ de la gestación subrogada
En general, las organizaciones LGTBIQ+ de Grecia han celebrado la aprobación de la ley, que consideran histórica, pero algunas critican que no se haya autorizado la gestación subrogada para parejas homosexuales.
Ekaterini Trimmi, miembro del Comité Nacional para los Derechos Humanos y abogada de la organización «Familias Arcoíris» de Grecia, le explicó a la agencia Efe que la reforma tiene unos vacíos y deja en el limbo a las parejas del mismo sexo en cuanto al acceso a tratamientos de reproducción asistida.
Otras voces, sin embargo, aclaran ese punto. Lina Papadopulu, profesora de Derecho en la Universidad de Salónica y una de las redactoras de la norma, dice que, aunque el texto no se refiere a este asunto, «se entiende que los matrimonios de lesbianas sí podrán acceder a técnicas de reproducción asistida» para formar una familia, «en aplicación proporcional» de la legislación que existe para las parejas heterosexuales.
WILLIAM MORENO HERNÁNDEZ
REDACCIÓN INTERNACIONAL
EL TIEMPO
