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Ucrania, ¿nuevo laboratorio militar de guerra y tecnología?

Sonidosuavefm
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Considerado el conflicto más mortífero de Europa desde la Segunda Guerra Mundial –este año llegará a los 2 millones de fallecidos–, la guerra en Ucrania ha dejado una huella devastadora y un cúmulo de interrogantes estratégicos, con cerca de 10 millones de desplazados y el mayor reordenamiento de la seguridad europea desde el fin de la Guerra Fría.

Más allá de los números, Ucrania se ha convertido en un laboratorio estratégico. El Center for Strategic and International Studies (Csis) describe una guerra de desgaste prolongada que ha obligado a ambas partes a adaptar doctrinas, logística y tecnología a una escala no vista en Europa en décadas. 

 

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Collage expríncipe Andrés / Andrés Mountbatten-Windor / Reino Unido

Ataques de drones rusos contra el mercado central de Kramatorsk, Ucrania Foto:EFE

El carácter grinding –de desgaste constante– no solo remite a la magnitud de las pérdidas, sino a la transformación táctica en curso.

“En esta guerra, Rusia ha aceptado el coste de un gran número de bajas con la esperanza de desgastar eventualmente al ejército y a la sociedad de Ucrania”, advierte el Csis.

Para el experto en seguridad internacional, Óscar Palma, si bien es prematuro afirmar que estamos ante un cambio definitivo del sistema internacional, la invasión rusa “expone las tensiones estructurales del orden mundial” y evidencia que las grandes potencias siguen determinando las reglas efectivas del juego.

“En este contexto, el multilateralismo no es más que una expresión de los juegos de poder de las potencias, donde los más débiles básicamente tienen que seguirles el juego”, señala.

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Ataques de drones rusos contra el mercado central de Kramatorsk, Ucrania

Drones y redes sociales

 

El rasgo más innovador del conflicto no está solo en la diplomacia fallida. Está en el terreno. Ucrania ha sido el escenario de una masificación sin precedentes de drones comerciales y militares, utilizados tanto para reconocimiento como para ataques de precisión a bajo costo.

Riley McCabe, investigador asociado del Csis en el programa de Guerra, amenazas irregulares y terrorismo, señala que esta combinación de tecnología accesible, inteligencia en tiempo real y artillería tradicional ha redefinido el equilibrio entre ofensiva y defensiva, pero también ha llevado la guerra con drones “más allá de la contrainsurgencia” y ha expuesto tanto el potencial como las vulnerabilidades de los sistemas actuales: los drones pasaron de ser un recurso caro y preciado a un elemento barato e incluso desechable en medio de masivos ataques que sobrecargan los sistemas de defensa.

 

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A ello se suma la dimensión híbrida. Como explica Palma, la guerra combina enfrentamientos convencionales –tanques, trincheras, artillería pesada– con tácticas irregulares, sabotaje, ciberataques y campañas de desinformación.

Magdalena Karalis, experta en redes sociales de Georgetown, destaca cómo las redes sociales se han convertido en un campo de batalla paralelo. Plataformas digitales funcionan como instrumentos para moldear percepciones, justificar acciones militares y sostener la moral interna, mientras se busca erosionar la cohesión del adversario.

“Actores tanto en Rusia como en Ucrania han encontrado maneras de influir en la opinión pública mientras continúa la batalla por moldear la narrativa histórica de la guerra”, explica Karalis al destacar, por ejemplo, cómo civiles ucranianos que resisten la ocupación pueden informar a su ejército sobre los movimientos rusos, mientras Putin bloquea aplicaciones de mensajería instantánea para forzar a la ciudadanía a usar canales bajo control oficial.

“Las visiones o sesgos que se pueden crear sobre los actores en la guerra, determinar quién es el bueno y quién el enemigo, o cómo convencer a diferentes audiencias nacionales y extranjeras de estar a favor o en contra, son innovaciones de la guerra psicológica y de la información a través del ciberespacio”, señala por su parte Palma.

Bomberos trabajan en el lugar de un ataque múltiple en Ucrania Foto:EFE

Límites del sistema global

 

Con el regreso de Donald Trump, el foco de atención sobre la guerra se ha mudado a las negociaciones con el ceder soberanía como punto de discordia.

Pese a que Rusia ve actualmente caer los ingresos petroleros con los que paga la guerra por unas sanciones occidentales, Ucrania depende completamente de sus socios para subsistir, aunque el presidente Trump ha cerrado el grifo de la ayuda financiera a Kiev, cuya viabilidad como Estado y esfuerzo de guerra depende ahora enteramente del dinero europeo.

McCabe señala que la sostenibilidad del respaldo occidental a Kiev será crucial para el desenlace. “La discusión en Washington sobre eventuales negociaciones –y el costo político de prolongar la guerra– añade incertidumbre estratégica”, dice.

Asimismo, la posición de liderazgo del mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, no ha contribuido al escándalo de sobornos en el sector energético que hizo caer a varios ministros y a su jefe de Gabinete, Andrí Yermak.

En el terreno diplomático, los intentos de negociación han sido intermitentes y frágiles. No existe, hasta ahora, un alto el fuego duradero, por lo que la posibilidad de que el conflicto derive en una guerra congelada –similar a otros escenarios postsoviéticos– convive con el riesgo de escaladas puntuales que involucren a la Otán de forma indirecta y que terminen siendo agudas.

“Los números son una cosa, la historia detrás es otra mucho mayor”, señaló esta semana el portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Christian Lindmeier, al afirmar que, en las primeras seis semanas de 2026, nueve personas han muerto en ataques directos al sistema sanitario, una cifra que ya equivale a la mitad de todo 2025.

Y es que Rusia comenzó este año con una campaña de ataques a la energía ucraniana que ha dejado a millones de personas sin luz, agua y calefacción, con temperaturas de hasta 20 grados bajo cero.

De otro lado, el año pasado, el 72 % de la población experimentó dolencias en su salud mental, entre ellas, ansiedad y depresión. Además, el 84 % de los hogares declaró no tener acceso a las medicinas que necesitaban por los altos precios y la falta de farmacias.

STEPHANY ECHAVARRÍA – EDITORA INTERNACIONAL – EL TIEMPO @stephechavarria

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