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Trump visita a Xi en plena crisis por Irán, disputa comercial y presión en Taiwán: ¿se avecina un choque entre potencias?/ Análisis de Mauricio Vargas

Sonidosuavefm
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El ministerio de Relaciones Exteriores de China esperó hasta última hora para confirmar la noticia, en un escueto comunicado publicado en sus redes sociales el pasado lunes: “Por invitación del presidente Xi Jinping, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, efectuará una visita de Estado a China del 13 al 15 de mayo”. La cita, prevista inicialmente para fines de marzo, había sido aplazada a pedido de Washington, pues Trump y su equipo estaban concentrados en la ofensiva militar contra Irán, desarrollada de manera conjunta con Israel.

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collage putin ucrania

En esos días, y para evitar que el aplazamiento del encuentro fuera leído como un nuevo enfriamiento de las relaciones, Trump usó su grandilocuente lenguaje para infundir optimismo. “Representantes de ambos países están ultimando los preparativos para esta visita histórica –aseguró entonces– y estoy deseando pasar tiempo con el presidente Xi en lo que, estoy seguro, será un acontecimiento monumental”.

Desde entonces, y a pesar de las tensiones políticas y económicas mundiales por la guerra en el golfo Pérsico y el bloqueo a las exportaciones petroleras en el estrecho de Ormuz, los equipos comerciales de ambos gobiernos han trabajado en los preparativos de la visita de Estado, la de más alto rango en la diplomacia bilateral. Un encuentro destinado a “ultimar consultas comerciales” entre Washington y Pekín inició ayer en Seúl, Corea, y para hoy miércoles está agendado el arribo a esa ciudad del secretario del Tesoro, Scott Bessent, para entrevistarse con el viceprimer ministro chino, He Lifeng; es cuestión de no dejar nada a la improvisación.

El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent. Foto: AFP

De ahí que el estadounidense esté urgido de un acuerdo comercial que, a la vez que le permita salvar la cara en su apuesta por aranceles más altos, le ayude a frenar la inflación en su país. En ese campo, a Xi también le caería bien un acuerdo, pues las exportaciones de China a Estados Unidos cayeron más de 20 por ciento en 2025, por el agresivo aumento de los aranceles ordenado por Trump. Esas tarifas pasaron de promedios de 34 por ciento hasta un tope de 125 por ciento, antes de la tregua en la guerra comercial que ambos gobiernos acordaron en octubre.

Pero Xi tiene a la mano un dato que lo tranquiliza: a pesar de la caída de las ventas a Estados Unidos, los exportadores chinos demostraron su capacidad de adaptación al encontrar, muy rápido, mercados alternos para sus mercancías. Fue así como el total de las exportaciones de China al mundo creció más de 21 por ciento en los dos primeros meses de 2026.

Representantes de ambos países están ultimando los preparativos para esta visita histórica –aseguró entonces– y estoy deseando pasar tiempo con el presidente Xi en lo que, estoy seguro, será un acontecimiento monumental

Donald TRUMPPresidente de Estados Unidos

Para reactivar el comercio bilateral, Trump y Xi discutirán la idea de crear un Consejo de Comercio integrado por figuras de ambos países, con el fin de “formalizar y reequilibrar los flujos comerciales bilaterales, incluyendo la definición de bienes prioritarios para la importación y la exportación”, según un análisis de We Forum, plataforma noticiosa del Foro Económico Mundial. “Esto representaría un cambio desde medidas arancelarias ad hoc (como las impuestas por Trump) hacia un mecanismo más institucionalizado para gestionar los desequilibrios comerciales”, agrega el informe.

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Donald Trump, presidente de Estados Unidos; Viktor Orbán, primer ministro de Hungría; y Vladimir Putin, presidente de Rusia.

Trump quiere impulsar dos grandes negocios. El primero es garantizar un mayor acceso de su país a minerales críticos y tierras raras, que China posee y los empresarios estadounidenses quieren adquirir. El segundo es que las aerolíneas chinas adquieran unos 500 aviones de la fábrica Boeing. Y el tercero es que Pekín se comprometa a comprar más productos agrícolas de Estados Unidos, empezando por cereales como la soya.

Helicóptero de la armada taiwanesa durante un desfile. Foto: AFP

Más allá de las formas, Pekín ha venido preparando un arsenal de medidas en caso de una nueva escalada en la guerra arancelaria. Este fin de semana, Andrew Gilholm, analista experto en asuntos chinos de la consultora Control Risks, explicaba en el New York Times que “China está dando señales más fuertes de estar lista y preparada” para responder a nuevos ataques. Para Gilholm, si Trump endurece su postura arancelaria, “estaremos al borde de un uso mucho más frecuente y generalizado de contramedidas chinas contra las sanciones de Estados Unidos.”

El otro foco de peligro durante la cumbre es Irán. El presidente Xi criticó en abril a Trump en tono severo y se refirió al desprecio del republicano por las leyes internacionales. Para Xi, el mandatario estadounidense está llevando al mundo a “un retorno a la ley de la selva”. Trump, prudente en este caso, no ha querido responder y, por el contrario, ha destacado el papel de China como ocasional mediador ante los ayatolas.

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Lo cierto es que Pekín apuesta por una diplomacia de equilibrio: por un lado, y ante la preocupación por una prolongación del conflicto en el golfo Pérsico que deteriore la economía mundial, insta a Teherán a negociar con Washington; pero, por el otro, critica a Trump y defiende “el derecho legítimo” de Irán a desarrollar su energía nuclear con fines pacíficos. Si Trump evita las declaraciones altisonantes y Xi mantiene su juego equilibrado, la cumbre podría salir razonablemente bien. De lo contrario, la economía mundial y, a la larga, la paz del planeta quedaría comprometida.

Mauricio Vargas – Analista senior

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